El pensamiento superior: La fe desarrollo espiritual
Como seres humanos, biológicos, psicosocial, espiritual, es importante elevar el pensamiento a niveles superiores, reflexivos y aprendizaje acerca de lo que nos sucede en la vida, y de cómo los podemos resolver satisfactoriamente.
El desarrollo del pensamiento superior nos permite el aprendizaje de estrategias de transformación y cambio de actitud.
Una "metanoia" de nuestras creencias limitantes nos ayuda a adquirir nuevas herramientas y ver las oportunidades donde solo veíamos fracasos y dificultades.
Se trata de no quedarnos en los niveles del "tener" que son los más bajos de la pirámide de necesidades de Maslow, sino subir a los niveles más altos y superiores del autoconocimiento y autodesarrollo del ser.
Un cambio de actitud, la transformación mental, psicológica emocional. Ver oportunidades en la oscuridad y en las dificultades. Poner el foco en los logros y beneficios.
Reflexiones acerca de la enseñanza en los pasajes bíblicos en la pesca milagrosa.
(Lucas 5; Mateo 4:18-22; Marcos 1:16-20).
"A veces los problemas se presentan en forma de fracasos, otras veces se presentan en forma de frustración, y otras veces, tienen la cara de vacío"
Es la sensación de que todo en la vida nos sale mal. Es la percepción de que por más que se intente y se trabaja no se logra los resultados, y sentir que ya no podemos dar más.
Cuántos han sentido el vacío de sus barcas como lo sintió Pedro, la noche que salió a pescar, y regreso sin nada. Pedro, estaba cansado y frustrado.
Y Jesús, le dice: "lleva la barca mar adentro" El Señor, le dijo, vamos al mismo lugar. Y lanza la malla hacia la derecha, y pescaron en abundancia. La diferencia es que Jesús, iba en la barca. Pedro, esta vez fue con Jesús.
Una cosa es cuando se enfrentan los problemas sin Dios, y otra cosa cuando Jesús, va con nosotros.
Nosotros no estamos solo en nuestros problemas, nosotros no estamos solos en lo que nos está saliendo mal. Jesús, va con nosotros en la misma barca.
Los problemas cuando nos ven con Jesús, se vencen.
No vayas solo, deja que Jesús, se monte contigo. Dile hoy: Señor Jesús, aquí está la barca de mi vida. Móntate a ese lugar, a donde yo no quiero ir, pero voy contigo. Yo te sigo, Señor. Amén y Amén
María Mireya García
Psicólogo Clínico
UCV Año 1989

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