### **El circuito completo: Del desarrollo infantil a la comunicación adulta**
### **El circuito completo: Del desarrollo infantil a la comunicación adulta**
Es la pieza que une todo lo relacionado con el procesamiento de información a un nivel más profundo, poder establecer su conexión con el pensamiento adulto.
A lo largo de cada tema desarrollado, hemos explorado cómo el cerebro de un niño se construye y madura. Hablamos de la importancia de la nutrición para que la **mielina** forme esas "autopistas" neuronales y evite los "cables pelados" que ralentizan la velocidad de respuesta. También entendimos que, si un niño no está en la etapa de madurez mental adecuada, su cerebro no podrá procesar ciertos conceptos complejos.
Lo fascinante es que estos principios no terminan en la infancia. El cerebro adulto sigue operando con las mismas reglas de **economía cognitiva**, **agrupamiento** y **simplicidad**. El problema es que, en la adultez, ya no es solo la nutrición lo que afecta el procesamiento, sino el lenguaje que usamos.
Los principios de "borrar el 'no'" o de la ambigüedad del conector "y" demuestran que, a nivel subconsciente, todos seguimos siendo "procesadores literales". Nuestro cerebro busca el camino más corto, y si un mensaje está mal formulado, lo interpretará de la manera más simple, no de la manera más correcta.
Esto tiene dos implicaciones muy importantes:
1. **El legado de la infancia:** Un cerebro que tuvo una buena nutrición y un desarrollo adecuado tendrá una base robusta para procesar información, incluso si el mensaje es ambiguo. Sin embargo, un cerebro que arrastra las secuelas de una maduración deficiente tendrá que trabajar mucho más, y será aún más vulnerable a estos errores de comunicación. El esfuerzo para entender un mensaje mal formulado es mayor cuando la infraestructura neuronal es débil.
2. **Nuestra responsabilidad como comunicadores:** Como adultos, no solo somos procesadores de información, sino que también somos quienes la creamos. Es nuestra responsabilidad entender cómo funcionan estos principios para asegurarnos de que el mensaje que enviamos sea claro, inequívoco y positivo. La precisión en el lenguaje es una forma de empatía.
En conclusión, el camino que comienza con los nutrientes en la infancia, continúa con las etapas de desarrollo y culmina en la forma en que comunicamos como adultos. El poder de una palabra bien usada puede corregir, guiar y servir a un propósito, demostrando que el conocimiento del cerebro es la herramienta más poderosa que tenemos para influir positivamente en el mundo.
** Psic. María Mireya García
**Psicólogo Clínico e Infantil
FPV 3.335
MPPS 178



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