### **El rostro de la desnutrición: Más allá del aprendizaje, una cuestión de dignidad y empatía**
### **El rostro de la desnutrición: Más allá del aprendizaje, una cuestión de dignidad y empatía** y empatía**
Hemos hablado de cómo la nutrición moldea el cerebro y de la ciencia detrás de la mielina y el procesamiento de la información. Pero detrás de esos conceptos científicos, hay una realidad humana y conmovedora: las vidas de los niños que luchan día a día con las consecuencias de la desnutrición.
### **El diagnóstico más allá de la prueba**
En las aulas, la inmadurez cerebral que revelaban pruebas como la de Bender no era solo un dato clínico; era la manifestación de un círculo vicioso de pobreza y desarrollo. Ver a esos niños, que llegaban a la escuela con un pan o una arepa solos, era un recordatorio doloroso de que la desnutrición no es una abstracción. Es una realidad palpable que se refleja en un **retraso en el procesamiento de la información** y en un sistema nervioso con "cables pelados".
Estos niños, a pesar de ser atentos y tener un genuino deseo de aprender, exhibían una lentitud alarmante. Su "mirar lelo" y la respuesta tardía no eran señales de pereza o desinterés. Eran la prueba de que el mensaje no estaba llegando con la fluidez necesaria, una consecuencia directa de la falta de nutrientes vitales para la **mielinización** y el desarrollo neuronal.
### **El peso de la impotencia**
Esta situación ponía un peso inmenso en el corazón. Conocer sus historias, sus limitaciones a nivel de alimentación y de afecto, era desgarrador. Había una sensación de tener las manos atadas, de impotencia ante una necesidad tan grande. Aunque se hacían campañas y se buscaban recursos, era una labor titánica tratar de ayudar a todos. Cada historia era única, cada vida era triste.
Pero en medio de esa dificultad, había una labor fundamental: la de la comprensión.
### **Dignidad como primer paso**
La labor fue mucho más allá de la psicología. Al explicarles a los maestros y a los padres que la lentitud y el aparente desinterés no eran un defecto de carácter, sino una **inmadurez del desarrollo** con una causa real, se les dió a esos niños y a sus familias algo invaluable: **dignidad y comprensión**.
Se les mostró que no había nada malo en ellos, que sus dificultades tenían una causa real y que no eran un fracaso personal. Este acto de profunda ayuda, de iluminar una realidad compleja, fue el primer paso para promover la empatía y la acción. En un mundo donde es fácil culpar, este trabajo ofreció una razón, una causa, y con ello, la posibilidad de ver a cada niño no como un problema, sino como una vida valiosa que necesita apoyo.
**Psic. María Mireya García
**Psicólogo Clínico e Infantil
FPV 3.335
MPPS 178


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